* Publicado en su autobiografía - "George Fox - an autobiography"
Al cabo de algún tiempo, fuimos a casa de Juan Crook, donde iba a celebrarse una reunión general, anual, a la que asistirían todos los Amigos, de toda la nación. Duró tres días y vinieron muchos Amigos de casi todo el país; las posadas y pueblos de alrededor estaban atestados, pues se reunieron allí varios miles de personas; y, a pesar de que hubo algunos altercados, provocados por personas rudas que se habían apartado de la Verdad, el poder del Señor descendió sobre todos y fue una reunión gloriosa. Se predicó el evangelio infinito que muchos recibieron, y dándoles vida e inmortalidad en la luz, que era en ellos, brilló sobre todos.
Me sentí dirigido a declarar y revelar muchas cosas, a los Amigos que recibieron una parte en el ministerio, concerniendo a sus dones espirituales en nuestra iglesia; las cuales escritas por uno que estaba presente, eran como sigue. Amigos: Tened cuidado en no destruir lo que hayáis engendrado, porque lo que destruye, se aparta, y es lo repudiado; y a pesar de que esto es verdad, si bien puede ser la pura verdad, que uno habla, sin embargo, si uno no permanece y no vive en eso, en su interior, sino que se aparta, lo mismo de que se aparta cae sobre él. También lo que calma y serena los espíritus, irrumpe por el mundo y lleva al Padre para heredar la vida eterna; y llega a los espíritus que están en prisión dentro de cada uno. En consecuencia morad en la palabra viviente e inconmovible y en su renombre; y manteneos sobre la base que es pura y es segura, porque todo aquél que se aparta de la pureza, y ejerce así su ministerio, acaba y no permanece; a pesar de que pudo haber sido en un tiempo, y pudo haber hecho servicios, por un tiempo, mientras vivía en la pureza.
Tened cuidado de las muchas palabras; lo que llega a la vida, en la vida queda; lo que viniendo de la vida es recibido de Dios, llega hasta la vida; porque el trabajo no es ahora como fue en los comienzos; el trabajo ahora es, afirmar y permanecer en la vida. Porque a medida que los Amigos han sido guiados a ejercer su ministerio, en el poder, y el poder ha seguido, pasando a través de todo, de manera que el mundo y los Amigos han llegado a una convivencia, los Amigos deben de permanecer en la vida que es pura para que así puedan responder a la vida pura de Dios que es en los otros. Si los Amigos, no viven la vida pura de que hablan, para así responder a la vida que es en aquellos a quienes hablan, la otra parte se retrae; y así se produce una relación externa y tales hay que se dejan dominar por ella. Mas así como cada uno se guarda viviendo en la vida de Dios, manteniéndose por sobre todo lo que es contrario a ella, no pone sus manos impensadamente sobre cualquiera; lo cual es ahora el peligro; porque de hacerlo puede perder su discernimiento y poner sus manos sobre lo malo, dejando así que el engaño se le acerque demasiado; y el engaño robará, y luego será difícil para él, el hundirlo.
Y así Amigos, éstas son las palabras del Señor para vosotros todos: Estad vigilantes y con cuidado en todas las reuniones a que vayáis, porque allí donde los Amigos estén juntos, sentados en silencio, muchas veces se hallan recogidos en su propia dimensión. Cuando un hombre viene recién salido del mundo, de ejercer su ministerio entre las gentes del mundo, sale de la inmundicia; y entonces tiene que cuidar de no ser temerario, porque al entrar en una reunión, que se celebra en silencio, es éste un diferente estado. Tiene que entrar, y sentir su propio espíritu al acercarse a los que están sentados en silencio; y de ser temerario lo juzgarán, porque de haber estado en el mundo y entre las gentes mundanas, la vehemencia no lo ha dejado todavía. Porque puede él llegar del mundo con la vehemencia en su espíritu, mientras que los otros, están quietos y serenos; y no siendo agradable su condición a los demás, puede más bien herirlos, por sacarlos de su estado sereno para llevarlos a la vehemencia; de no estar él en lo que manda a su propio espíritu y le hace ver su propio estado. También hay gran peligro en ir viajando por el mundo. El mismo poder que impulsa a salir por él, es el que guarda. Porque de no ser dirigido por el poder del Señor, e ir en el poder del Señor, es éste el mayor peligro; ya que entonces guardado en el poder, será protegido por él, en su jornada y en su misión: Y lo capacita para que responda al transgredido manteniéndolo por encima del trasgresor. De modo que sintiendo cada uno su propio peligro, en ir por el mundo, he aquí lugar para el puro temor del Señor y para guardarse en él. Si bien los que viajan pueden tener revelaciones, mientras en su misión andan fuera de su casa, no obstante, para su mayor bien deben de morar en la vida propicia a revelaciones. Y ello apartará de la jactancia. Porque el ministro va a la muerte, para salvar a lo que está en muerte y prisión; y luego vuelve a elevarse a la vida, y al poder, y a la sabiduría que lo preservan puro. Estas son las palabras de Dios a todos vosotros; daos cuenta de que estáis a presencia del Señor Dios; porque las palabras de cada hombre serán su carga; mas la palabra de Dios es pura y responde a la pureza que es en cada uno. La palabra del Señor fue en el principio y lleva al principio. Es el martillo que da sobre el trasgresor (no el transgredido) y que cual fuego hacer arded cuanto a ella es contrario. De modo, Amigos, que venid a lo que está por encima de los espíritus del mundo, que sonda todos los espíritus del mundo, y permanece en la paciencia; con ello podréis ver donde los otros están, y podréis llegar a lo que de Dios es en cada uno.
No hay contienda, no hay altercados, fuera de la trasgresión; porque el que cae en contiendas y altercados está fuera del espíritu puro. Porque cuando alguien cae en la contienda, si antes algo fue engendrado en él, esta naturaleza pendenciera se sobrepone, estropea lo que fue engendrado, y extingue sus propias profecías. De manera que si lo que quiere levantarse en altercado, no es dominado por el propio poder, eso es peligroso. De modo que si alguno se sintió dirigido a ir a algún lugar, y allí habló cuanto, por voluntad del Señor, tenía que hablar, que regrese luego a su morada y que viva en la vida pura de Dios, y en el temor del Señor, que así será guardado en la vida; en el espíritu sólido y fragante; y predicará con su vida tan bien como con palabras. El que está guardado en la vida, oye a Dios, y ve la condición del hombre; y con ello responde a la vida en otros que también oyen a Dios: y así un Amigo que está en ella comprende el mundo. Mas los Amigos tienen que vivir en aquello de que hablan, y así podrán esperar que otros puedan venir a aquello de que ellos hablan, para vivir en la misma vida.
Entonces entra el agua de vida; y el ministro bebe y da a los otros a que beban. Gran cosa es trabajar en el ministerio del Señor Dios, y en él seguir adelante. No es ésta como la predicación usual, sino que es llevar a la gente a que acabe con toda predicación externa. Porque una vez les hayáis declarado la Verdad y la hayan recibido, y hayan venido a aquello de que hablasteis, el pro ferir muchas palabras, y hacer largas declaraciones, fuera de la vida, puede engendrar en ellos una forma. Y si alguien se lanzara temerariamente a proferir muchas palabras, sin fragancia de vida, entonces los que entraron en aquello de que habló, lo juzgarán; por lo cual puede él herir lo que antes elevó. De modo que Amigos, todos tenéis que venir a aquello de que se os habla en las revelaciones de la vida celestial, y tenéis que andar en el temor de Dios, que así podréis responder a aquello para lo cual habláis. Amigos todos, tened cuidado de no ir mezclados con los poderes de la tierra; sino que andéis apartados de tales cosas; y así como os mantengáis en la autoridad del Cordero, y os apartéis de toda contienda vana, responderéis a lo que de Dios es en los otros, y los llevaréis a que hagan justicia que es la finalidad de la ley. Más fue entonces hablado a los muchos que estaban en el caso de oírlo; que no se escribió a medida que se decía. Después de terminarse esta reunión, y que la mayor parte de los Amigos se marcharon, estaba paseándome por el jardín de Juan Crook cuando llegó un grupo de a caballo, con un condestable para prenderme. Oí que preguntaban quién estaba en la casa y que alguien respondía que estaba yo allí, a lo cual dijeron que era yo el hombre a quien buscaban, y entrando en la casa tuvieron muchas palabras con Juan Crook y con unos Amigos que estaban con él. Mas el poder del Señor los confundió de tal manera que, sin venir a buscarme al jardín, se marcharon enfurecidos. Cuando entré en la casa, los Amigos estaban muy contentos de haberlos visto marchar tan confundidos y de que yo hubiera escapado a sus manos. Al día siguiente, salí de allí, y luego de visitar a los Amigos de dife rentes lugares, conforme iba viajando, llegué a Londres; acompañándome el poder del Señor que me sostenía en Su servicio. Por voluntad del Señor, mandé a dos Amigos que salieran de un condado para ir a Swarthmoor a organizar las reuniones de hombres donde no las hubiere; y para organizar las reuniones de Skipton, que trataran de los asuntos concernientes a nuestra iglesia, las cuales duraron hasta 1660. Al principio, el Norte tomó seiscientos ejemplares de cada libro que se imprimió; y así continuó por muchos años, hasta que la Verdad se difundió por toda la nación; quedando así organizado cuando empezamos a imprimir; y luego, cuando la Verdad se hubo difundido, fue dejado al criterio de los Amigos que cada condado enviara cuantos libros les pareciese a todos los lugares de la nación. El Norte pagó al principio, por varios años, todos los gastos de impresión; mas cuando la
Verdad del Señor se hubo difundido por toda la nación ya no les fue tan penoso. Durante el tiempo que estuve en Londres, muchos servicios pesaban sobre mí, porque fueron días de muchos sufrimientos, y me sentí dirigido a escribir a Oliver Cromwell, poniéndole de manifiesto los sufrimientos de los Amigos, tanto en Inglaterra como en Irlanda. También se hablaba, en aquellos días, de hacer rey a Cromwell; y para hablarle de ello me sentí dirigido a ir a verlo. Lo encontré en el parque, y le dije que los mismos que lo querían coronar, le quitarían la vida; me preguntó que era lo que le había dicho, y le repetí que los mismos que pretendían coronarlo le quitarían la vida; y lo amonesté a que pensara en la corona que era inmortal. Me dio las gracias y me pidió que fuera a su casa. Más tarde me sentí dirigido a escribirle, habiéndole más extensamente de lo concerniente a este asunto. Por esta época, la llamada Lady Claypole1 estaba muy enferma y andaba perturbada sin que nada pudiera confortarla; y cuando lo supe me sentí dirigido a escribirle. Cuando le hubieron leído mi escrito, dijo que por el momento ello la tranquilizaba y asentaba su mente.
Más tarde muchos Amigos consiguieron copias de este escrito; y, en Inglaterra y en Irlanda, se lo leyeron a personas perturbadas y fue muy útil para asentar las mentes. Varias veces, tanto en los tiempos del Parlamento Largo, en los de Oliver Cromwell como en los del Comité de Seguridad, cuando proclamaban ayunos, me sentía dirigido a escribirles para decirles que sus ayunos eran como los de Jezabel; porque, en general, cuando proclamaban ayunos siempre iban unidos a alguna maldad en contra nuestra. Bien sabía que sus ayunos eran pretexto para altercados y debates, para golpear con el puño de la maldad. Eran estos, días de grandes sufrimientos; muchos Amigos estaban por las prisiones, y muchos otros se sintieron dirigidos a presentarse al Parlamento para ofrecerse a ir a los mismos calabozos donde estaban sus Amigos; para que estos pudieran salir y no pereciesen en las cárceles abyectas. Esto hicimos, en el amor de Dios y en nuestra hermandad, para que no muriesen en prisión; y en amor hacia los que los encarcelaban, para que no hicieran caer sobre sus cabezas la sangre inocente; la cual sabíamos que clamaría al Señor, atraería Su sombra, Su venganza y Sus plagas que caerían sobre ellos. Poco favor encontramos en aquellos parlamentarios profesionales, que antes bien se enfurecían y más de una vez amenazaron a aquellos Amigos, que tal cosa le pedían, de que los harían azotar y luego los mandarían a su casa. Mas aconteció que a esos, que en el día de su poder no tenían corazón para hacer el bien, poco después el Señor los hizo caer en desgracia y ellos fueron los que se marcharon a su casa. Mas no se iban sin que antes no fueran advertidos, porque yo me sentí dirigido a escribirles, en sus diferentes turnos; como también lo hice al Parlamento Largo, al que declaré, antes de que se disolviera, las espesas tinieblas que venían a cernirse sobre todos ellos, e incluso el día de tinieblas que caería. Después de esto, salí de la ciudad con dos Amigos cuando, estando a poco más de dos millas fuera de la ciudad, nos encontramos con dos soldados del regimiento del coronel Hacker, los cuales me cogieron, como también a los Amigos, y nos volvieron a llevar a las caballerizas donde nos hicieron prisioneros. Mas el poder del Señor fue de tal manera sobre ellos que, sin llevarnos ante ningún oficial, poco después nos pusieron en libertad. El mismo día tomé un barco y me fui a Kingston; y de allí a Hampton Court para hablar con el Protector de los sufri - mientos de loe Amigos.
Lo encontré en el parque de Hampton Court, y antes de que me acercase a él, mientras cabalgaba a la cabeza de su guardia personal, vi y sentí un vaho de muerte que iba hacia a él; y cuando estuve a su lado vi que parecía un hombre muerto. Luego que le hube expuesto los sufrimien - tos de los Amigos, y le hube advertido de acuerdo con lo que me sentía dirigido a decirle, me pidió que fuera a su casa. Regresé a Kingston, y al día siguiente volví a Hampton Court para hablar más con él; pero cuando llegué estaba muy enfermo y Harvey, que era uno de los que le atendían, me dijo que los doctores no veían con gusto que hablara con él. Me marché y ya no lo volví a ver. Antes de esto, había sido proclamada la apellidada Fe de la Iglesia, la cual se decía que había sido hecha en el Savoy en once días. Conseguí una copia, antes de que se publicara, y escribí la respuesta; y cuando su libro de la Fe de la iglesia se vendió por las calles, de un lado a otro, también se vendió mi respuesta. Esto enfadó a algunos parlamentarios, de manera que uno me dijo que tendrían que tenerme en Smithfield, y respondí le que estaba yo por encima de sus ataques, que no temía. Al cabo de algún tiempo, salí de Londres y celebré una reunión en Twickenham, en casa del sargento Birkhead, a la que vino mucha gente; alguna de considerable importancia en el mundo. Fue una gloriosa reunión, en que se revelaron claramente las Escrituras, y Cristo fue elevado por encima de todos; y un hombre que allí estaba, quedó tan admirado que dijo, "Este hombre es una perla." Había gran persecución en muchos sitios, encarcelando y disolviendo nuestras reuniones. En una reunión que se celebraba a unas siete millas de Londres, sucedía que muchas veces la gente ruda, luego que salían de varias parroquias, rodeaba la casa esperando que salieran los Amigos para insultarlos, y más de una vez les pegaron y los magullaron en gran manera. Un día pegaron y maltrataron a cerca de ochenta Amigos, que de Londres fueron a aquella reunión; les despedazaron las casacas y las capas, que les quitaron de mala manera, y los tiraron a zanjas y estanques; y después de ensuciarlos con in mundicias, les dijeron que parecían brujas. El Primer día siguiente fui a aquella reunión, por voluntad del Señor, a pesar de que en aquellos días me sentía muy débil. Cuando llegué, pedí a los Amigos que trajeran una mesa para subirme al cercado en donde acostumbraban a reunirse, y según era su costumbre compareció aquella gentuza. Con una Biblia en la mano les mostré sus frutos y los de sus sacerdotes y maestros, y, avergonzándose, estuvieron quietos. Les revelé las Escrituras y como nuestros principios se acordaban con ellas, los volví de las tinieblas a la luz de Cristo, y a Su espíritu, por el cual podrían comprender las Escrituras, verse a sí mismos y sus pecados, y saber que Jesucristo era su Salvador. La reunión se terminó en calma, y el poder del Señor, descendió sobre todos para Su gloria.
Eran días de grandes sufrimientos, porque además de los encarcelamientos (muchos murieron a causa de ello) nos armaban grandes escándalos en las reuniones. Nos tiraban huevos podridos y fuegos griegos, y llevaban tambores y calderas para hacer ruido y evitar así que la Verdad fuese oída; y entre los que hacían tales cosas, los sacerdotes eran soeces como cualquier otro. Al poco tiempo fui a Reading, donde pasé cerca de dos semanas, bajo grandes sufrimientos, angustias y grandes ansias espirituales. Porque vi al pueblo en gran confusión y desvarío y que los poderes se despedazaban mutuamente, y vi también cuantos destrozaban la simplicidad y traicionaban a la Verdad. Mucha hipocresía, engaño e instinto pendenciero se había apoderado de la mayoría, de tal manera, que estaban dispuestos a hundirse unos a otros la espada en los intestinos. En un tiempo, cuando no eran nada, hubo piedad en muchos de ellos, mas al elevarse, mataron, se apoderaron de bienes, y llegaron a ser tan malos como cualquier otro; de modo que tuvimos mucho que hacer con ellos, en lo se refería a no quitarnos el sombrero y a tutearlos.
Convirtieron la profesión que hicieron, de paciencia y moderación, en ira y locura; y muchos parecían como locos, por lo de no quitarse el sombrero; porque se habían endurecido persiguiendo al inocente y estaban crucificando a la semilla, Cristo, en sí mismos y en los otros; hasta que finalmente, se devoraron hasta consumirse mutuamente, por haberse vuelto contra lo que Dios había en ellos embellecido, y por juzgar lo que El les había enseñado. De modo que, poco después, Dios los demolió, los puso de lado y trajo al rey, poniéndolo por encima de ellos, que tantas veces sospecharon que los Cuáqueros se reunían para traer al rey Carlos, cuando los Amigos no se mezclaban nunca en las cuestiones externas del gobierno. Mas finalmente, el Señor trajo al rey, y muchos, cuando vieron que vendría, votaron para que viniera; y así en el corazón como con la voz, ensalcemos el nombre del Señor que tanto merece y que sobre todos tiene supremacía, y que hará bambolear las naciones porque El está por encima de todo. Tuve yo la visión, y ya lo presentía desde mucho antes, de que el rey volvería, y también otros lo preveían. Varias veces escribí a Oliver Cromwell y le hice saber que, mientras el perseguía al pueblo de Dios, se estaban preparando para caer sobre él, los que él tenía por sus enemigos; y cuando unos espíritus vehementes quisieron comprar Somerset House, para que celebrásemos reuniones, les prohibí que lo hicieran, porque entonces ya previa la venida del rey. Además vino a la costa a verme, una mujer llamada Esther Biddle, de Londres, que profetizaba la venida del rey, tres años antes de que así fuera, y dijo que tenía que ir a verlo y declarárselo. Le dije que esperase en el Señor, y lo guardara para ella, porque de saberse que iba con tal mensaje, lo tomarían como traición; mas ella insistió en que tenía que ir y decirle al rey que tenía que volver a Inglaterra. Vi que su profecía era cierta, y que caería gran golpe sobre los que estaban en el poder, porque, los que entonces lo tenían, se sentían tan altos, y tal persecución salió de los que a sí mismos se llamaban santos, que hasta querían quitarle a los Amigos las escrituras de sus tierras, porque no podían jurar en sus tribunales de justicia.
Algunas veces, cuando le explicábamos tales sufrimientos a Oliver Cromwell, no quería creerlo; por lo que, Tomas Aldam y Antonio Pearson, se sintieron dirigidos a ir por todas las cárceles de Inglaterra para procurarse copias de los autos de prisión de los Amigos, que estaban en manos de los carceleros, y así poder echar sobre Oliver Cromwell tanto sufrir; y como no quiso dar orden de que los soltaran, Tomas Aldam se sintió dirigido a quitarse la gorra, hacerla pedazos y decirle, "Así se rasgará tu gobierno, de ti y de tu casa." También una Amiga, se sintió impelida a ir al Parlamento (lleno de envidia contra los Amigos) con un cántaro, que allí hizo pedazos y les dijo que así serían ellos despedazados; lo cual sucedió poco después. Mientras estaba en Reading, bajo aquel penoso trabajo, su - cedió que, a causa de la aflicción y las penas mentales y de los grandes ejercicios que pesaban sobre mi espíritu, me adelgacé y se alteró mi aspecto, que era muy miserable; y un grupo de espíritus inmundos vino a verme para decirme que las plagas de Dios eran sobre mí; y les respondí que el espíritu que en ellos decía eso, era el que dijo lo mismo de Jesús, cuando fue azotado y escarnecido; y escondieron su rostro de EL Mas después de que tanto sufrí por el Espíritu de Dios, que ellos habían extinguido, en El salí de todo y pasé por encima de toda aquella hipocresía que poseía a los eclesiásticos del mundo; y luego que vi como todo ello se hundiría y desaparecería, y como la vida se sobrepondría, me sentí mejor y la luz, espíritu y poder brillaron sobre todo, y, habiéndome repuesto, después de pasar por tanto dolor y sufrimiento, mi cuerpo y mi faz se engordaron cuando salí al aire; y entonces los malos espíri tus dijeron que me ponía obeso y también esto me envidiaron.
De modo que comprendí que de ninguna maner a les agradaría. Pero el Señor me protegió con Su espíritu y poder, de y por sobre todo, y en Su poder volví a Londres otra vez. Cuando llegué, había allí gran bullicio, con respecto a la imagen o efigie de Oliver Cromwell, de cuerpo presente; hombres formados y tocando trompetas al lado de su imagen, después de muerto. Ante esto mi espíritu se sintió muy herido, y el Señor, pude ver que estaba altamente ofendido.