En el Cuarto día del Primer mes de 1650
Sentí el poder de la palabra esparciéndose sobre todo el mundo en alabanza.
¡Alabanza, honor y gloria sean al Señor del cielo y la tierra!
¡Señor de paz, Señor de gozo!
Tu semblante me alegra el corazón.
Señor de gloria, Señor de misericordia, Señor de fortaleza,
Señor de vida, y de poder sobre la muerte,
y ¡Señor de señores, y Rey de reyes!
En el mundo hay muchos señores,
pero para nosotros no hay sino un Dios el Padre, de quien son todas las cosas;
y un Señor Jesucristo, por quien todas las cosas fueron hechas:
¡para quien sea toda la gloria, porque él es digno!
En el mundo hay muchos señores, y muchos dioses,
y la tierra hace señores, que codician riquezas,
y oprimen a las criaturas;
y así, la mente codiciosa se preocupa por sí misma, y se enseñorea sobre otras.
Esta naturaleza de señores orgullosos es cabeza, hasta que es dominada por el poder de Dios:
porque todos, en ese estado, se esfuerzan por estar arriba de otros;
pocos se esforzarán para ser los más bajos.
¡Ah! ¡Que todos se esforzaran para rebajar, en sí mismos, el dominio y el honor,
que el Señor del cielo y la tierra pueda ser exaltado!
Jorge Fox